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La Unión Europea tras Copenhague

El encuentro de Copenhague finalizó el pasado 19 de diciembre. Desde entonces se han sucedido numerosos análisis sobre los resultados obtenidos. En general la reunión no cumplió las expectativas y la mayoría de los actores la percibieron como una oportunidad perdida. Uno de los aspectos que causó más impacto en la Unión Europea es la intensa sensación de pérdida de liderazgo de la propia Unión en el proceso de negociación. Este artículo trata de responder a dos preguntas ¿Qué lecciones se pueden aprender de lo sucedido? ¿Qué alternativas se plantean en el futuro inmediato?

Algunas lecciones a aprender

  1. El liderazgo no es sólo tener objetivos y planteamientos ambiciosos sino que requiere la mejor diplomacia para conseguir alianzas. La Unión Europea presentó un conjunto de propuestas que se encontraban entre las más avanzadas en la lucha contra el cambio climático tanto en cuanto a nivel de ambición de sus objetivos (niveles de reducción por ejemplo) como en su concreción y en el hecho que institucionalmente ya hubiera adquirido compromisos más allá de la negociación internacional. No obstante en los meses previos a la negociación de Copenhague se centró en demasía en las discusiones internas y cometió graves errores en el ámbito de la diplomacia climática. Ocupada en sus negociaciones internas no fue capaz de crear las alianzas suficientes con otros países con los que en principio podría haber sido relativamente factible. Por ejemplo siendo la zona regional con un plan más ambicioso en la reducción de las emisiones y al mismo tiempo siendo la principal donante de recursos financieros y de cooperación no fue capaz de establecer alianzas con buena parte de los países africanos, de los países menos desarrollados o los pequeños estados insulares; dejando a otros actores como China un papel de supuesto aliado cuando en verdad los intereses en el ámbito de la negociación climática eran mucho más divergentes. Si bien el rol excolonial de la Unión Europea la sitúa en un punto de partida histórico difícil una buena diplomacia debería ser capaz de superar esta barrera.
  2. Se perdió el contacto con la realidad global. Durante los meses previos a la negociación de Copenhague diversos actores de la máxima importancia de la negociación ya eran conscientes de la práctica imposibilidad de llegar a un acuerdo vinculante en Copenhague. La Unión Europea no obstante no supo/quiso darse cuenta de esta realidad y continuó aireando que sí se conseguiría un acuerdo vinculante e integral. Posiblemente se confundió querer y poder a un nivel excesivo, separándose cada vez más la realidad de la negociación internacional y el mensaje transmitido. Cuando se quiso corregir fue demasiado tarde y como consecuencia la decepción en la Unión Europea fue mayor, pero aún más grave es que al haberse desplazado el marco de referencia de la negociación, y la Unión Europea no rectificar su postura, se quedó fuera de juego y tuvo finalmente un rol menor en los acuerdos obtenidos.
  3. No se asumió adecuadamente que la multipolaridad es ya el núcleo de la negociación en el ámbito del cambio climático. La Unión Europea dedicó buena parte de los esfuerzos a tratar de incorporar a Estados Unidos al acuerdo final, bajo la idea de fondo que un acuerdo entre la Unión Europea y EEUU se convierte en la práctica en un acuerdo global. Esta aproximación fue equivocada pues la realidad actual es mucho más compleja y tal como se demostró grupos relativamente pequeños de países son capaces de bloquear acuerdos globales – aspecto éste previamente quasi imposible en la práctica. Igualmente menospreció estructuras como las Africanas que funcionaron más unidas que en anteriores ocasiones, lo que le llevó a una postura débil en la negociación final.

Algunas propuestas

  1. Se necesita un mandato único, amplio y respetado, para un único actor representando al conjunto de la Unión Europea. El reconocimiento de la Unión Europea como un actor en el proceso de Naciones Unidas fue un éxito de los años 90 que la realidad actual ha dejado obsoleto. No es suficiente con éste reconocimiento, es imprescindible que la Unión Europea, en su unidad, tenga capacidad de negociación conjunta y dinámica en las fases finales de las negociaciones. Para ello la Comisión Europea (el organismo que con todas sus imperfecciones mejor representa en estos momentos al conjunto de la Unión) debería tener un mandato de negociación amplio y ser respetado. Los países deberían dar un paso atrás y ceder parte de influencia en las fases finales de la negociación. No es efectivo, como pasó en Copenhague, tener una continua discusión interna entre los países de la Unión mientras los acuerdos se negocian en las salas paralelas. Parte de la cesión de influencia debe iniciarse meses antes de la negociación fina, no es deseable que países individuales adopten compromisos individuales en las grandes temáticas de la negociación sin un previo acuerdo europeo entre las partes, por lo que la coordinación interna debe ser reforzada.
  2. Los problemas en el sistema de negociación de Naciones Unidas deben ser reconocidos y afrontar los cambios necesarios. Si existe la percepción que el sistema de negociación multilateral de Naciones Unidas en el ámbito del Cambio Climático no funciona bien (porque asumir la posibilidad de una negociación horizontal entre 194 países es irrealista y porque el voto per unanimidad en un mundo multipolar acaba bloqueando la toma de decisiones) la Unión Europea puede optar básicamente por dos posiciones: no dedicar demasiados esfuerzos para modificar el sistema y, sin desautorizarlo formalmente, dejarlo decaer suavemente al tiempo que establece otros mecanismos de negociación paralelos; o bien encarar el problema y proponer soluciones procedimentales. Mientras que la primera postura es la que aparentemente está tomando más peso en algunos ámbitos (incluidos algunos de los negociadores con más tiempo en Naciones Unidas y algunos think tanks) en mi opinión la pérdida de legitimidad democrática que esto comporta debería ser suficiente para tomar la dirección de la reforma de los procesos de la Convención Marco de Naciones Unidas. La Unión Europea podría liderar un cambio en el sistema de toma de decisiones en el sistema de Naciones Unidas: por una parte proponiendo que se abandone el sistema de unanimidad y substituyéndolo por sistemas de aprobación basados doble o triple mayoría (nivel de emisiones – número de países – población por ejemplo), y por otra parte proponiendo que se fije un sistema formal de negociación basado no sólo en países sino ante todo en agrupaciones regionales (y no dejándolo como hasta la actualidad) en un marco que en la práctica existe pero cuyas normas nadie define y facilitando la “praxis” de la negociación. Sin duda estos cambios no serían fáciles de conseguir pero el precio de “abandonar a su suerte” al proceso de negociación de Naciones Unidas podría tener consecuencias a largo plazo muy indeseables.
  3. Los esfuerzos diplomáticos deben centrarse en crear una “alianza de liderazgo”. Se ha dedicado demasiado esfuerzo a tratar de negociar con Estados Unidos y en cambio se han descuidado otros actores. Tras la reunión de Copenhague existe el riesgo de centrarse en exceso en negociar con China los nuevos acuerdos. Pero ni Estados Unidos ni China van a estar en la línea de liderazgo en los objetivos de la lucha contra el cambio climático, por el contrario Europa sí quiere constituir parte de este empuje decidido. Para ello la Unión Europea debe afianzar una “alianza de liderazgo” con otros países: Africanos, Países menos Desarrollados, Latino América, algunos países Asiáticos, etc. Si se afianza esta alianza se estaré en mejores condiciones para reforzar el esfuerzo global contra el cambio climático. Esto no significa que se deba descuidar la relación con el resto de países sino que para ellos se deben realizar negociaciones sobre aspectos concretos de mutuo interés, mientras que con los “países de liderazgo” debe tratarse de acordar propuestas globales. Esta visión es estratégica si se quiere romper con las dinámicas Norte-Sur que ponen en inferioridad a la Unión Europea en el ámbito diplomático debido a su historia colonial.
  4. La Unión Europea debe clarificar su posición en aspectos aún por definir totalmente con el fin de reforzar sus alianzas. La Unión Europea debe dejar bien claro que apuesta por la continuación del Protocolo de Kioto y que apoya a los países del G77 en un sistema de financiación con una gobernanza equilibrada ente los aportadores netos y los receptores. Igualmente debe asumir que la financiación que aportará será adicional – con recursos nuevos – y no se contabilizará como Ayuda Oficial al Desarrollo. Igualmente sería deseable que asumiera como definitivo la reducción de las emisiones en un 30%. De esta manera se podría convertir en un “partner” con muchos de los países menos contaminantes, facilitándole así conseguir otros objetivos vinculados a la compra-venta de emisiones, etc.
  5. La Unión Europea debe seguir apoyando la credibilidad del Panel Internacional para el Cambio Climático. La credibilidad científica de la lucha contra el cambio climático es una necesidad absoluta para poder llevar a cabo políticas efectivas para afrontar la problemática. La Unión Europea debe apoyar la credibilidad del Panel Internacional para el Cambio Climático, para ello debe mandar los mensajes adecuados, así como establecer los sistemas suficientes para asegurar la calidad de los resultados científicos obtenidos, modificando para ello los mecanismos internos de funcionamiento. Estos mecanismos no sólo deben ser adecuados sino que también deben parecerlo.
  6. La Unión Europea debe definir y explicar cuáles son sus objetivos para México y cuál es su propuesta de diseño de ruta para el proceso posterior. La dicotomía entre un acuerdo vinculante o un acuerdo no vinculante es excesivamente simplista y debe ser superada. La realidad es que en México se puede obtener un acuerdo vinculante en aspectos parciales de la negociación (por ejemplo en la continuación del protocolo de Kioto) pero no en su totalidad (dejando en un marco voluntario la nueva incorporación de EEUU y otros compromisos de los países en desarrollo); o un acuerdo vinculante para el conjunto de la negociación pero sin  objetivos ni mecanismos bien establecidos que deberían ser negociados posteriormente; etc. …. o no alcanzar ningún acuerdo. Si el mensaje que se continúa lanzado a falta de seis meses para la negociación final es únicamente que no es probable que se alcance ningún acuerdo vinculante en México (tal como se está haciendo por parte de diversos actores de la Unión Europea) el resultado es que la reunión será un fracaso, por ello es imprescindible que bajo una mirada ambiciosa y tanto si el objetivo es un acuerdo vinculante o no la Unión Europea debe definir a priori cuáles son para ella los aspectos detallados que deberían obtenerse en México y cuál es la hoja de ruta a seguir más adelante.
  7. A medio plazo la Unión Europea debe explotar sus puntos fuertes en la negociación diplomática para introducir nuevas temáticas. ¿Cuáles son los puntos fuertes de la Unión Europea? La Unión Europea no puede continuar tratando de proponer como principales argumentos el liderazgo en sus objetivos o el supuesto liderazgo moral en la lucha contra el cambio climático, esto no es ya suficiente. La Unión Europea es un actor destacado en el consumo de productos a escala global, es un exportador tecnológico y es un exportador de recursos financieros en parte en la modalidad de cooperación y debe utilizar las tres palancas para liderar el proceso de negociación en el ámbito del cambio climático. Como uno de los principales actores en el ámbito del consumo debe – siendo consciente de las implicaciones que tendrá para su consumo interno – liderar que se integre el comercio de mercancías en las negociaciones de cambio climático. Este tema por ahora solo tratado colateralmente en las negociaciones debería pasar a formar un eje central en la negociación. Igualmente su experiencia en fiscalidad ambiental debe servir para impulsar la incorporación de una fiscalidad climática en la negociación internacional.

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Xerrada sobre canvi climàtic

Amb el temps he fet algunes xerrades sobre canvi climàtic. Us adjunto una d’elles per si envoleu fer ús:

Xerrada del 18 de novembre de 2009  a Lleida a la CSA La Maranya

Properament prepararé una nova actualitzada.

Tras Copenhague un cruce de caminos (tercera part i darrera)

Tercer cruce de caminos: los límites de una ampliación del sistema de cap&trade

La estructura del protocolo de Kioto se basa en un sistema de limitaciones en las emisiones (cap) y un conjunto de mecanismos de flexibilidad basados en el comercio de emisiones. La Unión Europea a su vez, ha desarrollado el mercado interno de emisiones más importante del mundo, lo que ha generado a su vez un conjunto de intereses privados cada vez más importante directamente vinculados a la existencia de este mercado.

Pero la aproximación a la problemática del cambio climático a través de un sistema de limitaciones de emisiones como el actual – en el que se debe establecer un cap para cada país que posteriormente se subdivide para los diferentes sectores – tiene algunas debilidades intrínsecas importantes que pueden acentuarse conforme se trate de incorporar a más actores y a más sectores.

Por un lado, la asignación de emisiones es altamente conflictiva, tanto en la cantidad global como en la distribución.

En lo que se refiere a las cantidades a repartir existe un importante problema intrínseco a la sistemática de asignación. Para que el sistema sea viable y previsible para los inversores – especialmente para aquellos que quieren realizar proyectos vinculados a la compra-venta de emisiones, pero también para aquellos que deban realizar inversiones de amortización larga – deben establecerse objetivos para periodos largos de tiempo, lo que implica asignar las cuotas de emisiones con más de una década de antelación (por ejemplo el protocolo de Kioto firmado el año 1997 establecía objetivos hasta el periodo 2008-2012 en su primer periodo en vigor). Pero la incertidumbre de la evolución económica (de la cual dependen directamente las principales fuentes de emisiones) a tan largo plazo hacen del ejercicio de asignación para cada uno de los países poco más que un deseo sin excesivo fundamento. Si la economía crece por debajo del ritmo previsto las cuotas sobran y el conjunto del sistema es simplemente superfluo para incentivar un cambio de modelo y actuar como incentivo para la lucha contra el cambio climático[1], si por el contrario el ritmo de crecimiento global de la economía está significativamente por encima de lo previsto los objetivos establecidos en las cuotas pueden quedar totalmente desfasados con lo que la credibilidad del sistema puede quedar seriamente dañada, especialmente si no va acompañada por un sistema de penalización claro. Si a esta complejidad le añadimos que cada zona regional puede tener su propio sistema de mercado interno y de compra-venta de emisiones en el exterior, y que en un plazo de más de diez años las características y existencia o no existencia de mercados interconectados seguro que varía significativamente (por ejemplo, actualmente no está claro si existirá o no existirá en EEUU un sistema de cap&trade, ni cómo se relacionará con la compra-venta de emisiones en el exterior, ni cómo se establecerá la relación por ejemplo con los mecanismos de desarrollo limpio -MDLs) es prácticamente imposible planificar un sistema con un mínimo de fundamento que asegure que será un buen sistema para la lucha contra el cambio climático. La incapacidad de previsión y la inflexibilidad de los objetivos una vez fijados hacen del sistema de fijación de topes de emisión un sistema con pocas garantías de éxito y altamente inestable.

Por otra parte la distribución de las cuotas entre los países es un tema altamente conflictivo. La distribución se puede realizar principalmente a través de dos criterios de repartición: a partir de las emisiones en algún año de referencia – como ocurre en la actualidad-, o bajo alguna perspectiva ética basada en la equidad en la repartición de las emisiones. Dada la desigual repartición de emisiones de partida, y la diversa evolución temporal entre países, cuanto mayor y más diversos sean el número de países para los cuales se quiera introducir un sistema de limitaciones en las emisiones más divergentes son los intereses en los criterios de repartición y por tanto más difícil es llegar a un acuerdo. Incluso si éste se basa en una aproximación voluntaria y no vinculada a cantidades absolutas sino a intensidades energéticas (como están proponiendo países como China) resulta casi imposible llegar a un acuerdo de sanciones para el caso de incumplimiento pues los principios de repartición bajo los cuales se puede aceptar un sistema sancionador son intrínsecamente divergentes.

Finalmente debe señalarse que cada vez más está claro que es necesario afrontar con políticas específicas también las emisiones difusas (domiciliarias, transporte, etc.), pero para estos sectores la extrapolación directa de un sistema de control de las emisiones mediante límites de emisiones a más pequeña escala resulta impracticable, al multiplicarse los puntos de emisión y las dificultades de control y gestión.

Si a estas problemáticas les añadimos las críticas recibidas a los efectos indeseables producidos por los mercados de carbono (Lohman, L., 2006) nos encontramos ante un modelo cap&trade con visibles dificultades, especialmente en la parte de comercio, al haber perdido también el apoyo de parte de los grupos ecologistas y movimientos sociales, tal como se muestra en la declaración final del Klimaforum (Klimaforum, 2009).

Por el contrario el uso de impuestos sobre las emisiones de carbono cada vez toma más fuerza tanto en el ámbito social (Klimaforum, 2009) como en algunos de los países como la propuesta impulsada por Sarkozy en Francia, o por Correa en la OPEP (Martinez-Alier et al, 2008), así como en el ámbito de los think tanks políticos (Evans y Steven 2009). El fracaso de Copenhague puede dar una nueva oportunidad a la utilización de herramientas fiscales en la lucha contra el cambio climático, tras unos primeros intentos en los años 90 que concluyeron sin éxito tanto por la oposición ciudadana como de determinados sectores industriales.

En los próximos meses tanto sistemas cap&trade (en sus diversas modalidades) como la aparición de impuestos asociados a la lucha contra el cambio climático – probablemente vehiculados a través de impuestos con una base imponible ligado al consumo del petróleo, carbón y gas natural y vinculados a una cantidad variable asociada a un objetivo cap global– estarán sobre la mesa, falta ver si alguno de ellos se impone sobre el otro, o entran en coexistencia. La decisión es incierta.

Conclusiones

El encuentro de Copenhague no supuso el impulso esperado en la política global contra el cambio climático, al contrario, no se cumplieron las expectativas y esto ha generado una situación de impase sobre la dirección a seguir en los próximos años. Existe una cierta sensación de bloqueo entre los participantes del proceso de negociación internacional. Esta situación ha abierto la puerta a que aspectos tan claves como el sistema global de gobernanza de cambio climático, la integridad o fraccionamiento de las temáticas a tratar, y la revisión o no de los fundamentos de los acuerdos por ahora alcanzados, se pongan en duda y se abra la posibilidad de que sufran modificaciones significativas en los próximos meses.

Ante esta situación de evidente cruce de caminos los actores implicados en las negociaciones (principalmente países y regiones económicas, pero también el resto de los actores sociales: ONGs, movimientos sociales, empresas – especialmente aquellas integradas en la denominada economía verde – y administraciones de orden inferior) deberían posicionarse y tratar de crear alianzas que permitan apoyar sus propuestas. De no hacerlo serán los demás actores quienes tomarán la iniciativa, tal como muy bien ha reconocido recientemente el presidente de la Comisión Europea Durao Barroso.

Las cartas de la negociación internacional sobre cambio climático, tras el encuentro de Copenhague, se están repartiendo de nuevo, pero en esta ocasión –a diferencia de lo sucedido en los últimos años- aún es incierto dónde se realizará la partida, qué cartas serán las que se podrán usar y qué normas se usarán. En unos meses tendremos la respuesta, por ahora lo que tenemos que afrontar es un complicado cruce de caminos.


[1] Incluso puede llevar a algunos efectos perversos como se ha mostrado en el caso español en el que los recursos asignados han servido para mantener algunas actividades empresariales con un exceso de cuota que no han dudado a vender al mercado.